domingo, junio 11, 2006

“Las convicciones siempre son un valor para el debate público”


Entrevista de Ismael Martínez Sánchez a Ignacio Sánchez Cámara, que ha participado en la XIII Jornada de Estudio del Colegio Mayor Albaziyn con la presencia de más de cien profesionales andaluces.
Como observador sereno no busca la polémica, pero tampoco el pensamiento único. Ignacio Sánchez Cámara huye de las modas y considera que “las convicciones son un valor para el debate de la calle”. Entre libros, mujer e hijo disfruta de la vida. Catedrático de filosofía del derecho, Premio Luca de Tena y antiguo secretario de la revista de occidente, la publicación liberal fundada por Ortega y Gasset en 1923, valora los últimos sucesos sobre religión y libertades.

¿Por qué tiene importancia la religión? Hoy quizá llena más un buen partido de la champion, un mundial, una serie de TV, o una cerveza con la familia....
Desde siempre la religión se ha referido a lo más fundamental del hombre y a lo más elevado: trata sobre Dios. Sólo por esto tiene ya suficiente importancia. Y la religión tiene más importancia porque dota al hombre de un sentido que mira al futuro. Ahora bien, ¿por qué la religión también genera conflictos? Pues, por la misma razón: porque lo que normalmente afecta de forma más radical al hombre en la vida es lo que también corre más riesgo de generar conflictos. Igualmente, existe la tendencia de hacer pensar que la religión genera violencia radicalismos, conflictos, etc.

La religión se menciona en el debate público.
En primer lugar las convicciones siempre son un valor para el debate público. Por otra parte, yo no creo que la religión tenga que ser debatida en el debate público. La religión la vive cada creyente de forma comunitaria, social, no sólo privada. Pero lo que sí tiene que ocurrir es que, en los debates públicos sobre las cuestiones jurídicas políticas y legales, los hombres de fe puedan intervenir con sus principios.

Las encuestas del CIS señalan que ser cristiano es “ir a Misa los domingos”...
Es evidente que no es así. EL CIS toma como algo esencial algo que constituye sólo una obligación para los católicos. Es importante este deber, pero no se puede definir el ser cristiano como ir a misa los domingos. Es eso, pero mucho más. Yo creo que ser cristiano es fundamentalmente seguir a Cristo, que es la verdad. Y que de ahí que se derive la consecuencia de oir misa, pues bien… pero es algo secundario en el ser cristiano.

¿Tienen derecho los cristianos a reflexionar sobre opciones opinables? A veces caen truenos y centellas si hablan y no van en la misma dirección que el pensamiento mayoritario.
Como cualquier persona, los cristianos, agnósticos o ateos tienen derechos. Tienen derechos las personas, independientemente de sus ideas. Por eso también los miembros de la Iglesia, como obispos o no, como personas, tienen derecho a estar presentes en la vida pública, como otro cualquiera.

Cuando los obispos hablan se dice que hacen política, ya sea sobre el Estatuto de Andalucía o sobre las células madre. Hablan como políticos, hablan como ciudadanos, hablan como obispos. No es fácil definir qué papel tienen en cada momento.
En primer lugar yo no comparto la idea, que por otra parte parece encubrir el juicio de que la política es un mal, que intervenir en el debate público sea algo inaceptable, como algunos piensan. Si hemos quedado en que la política es el debate de todos y de lo público, pues todos debemos participar del hacer política. En segundo lugar, otra cosa es hacer política para perseguir la búsqueda del poder político. Por supuesto esta no es la visión de la Iglesia. La Iglesia persigue la búsqueda del interés social, de la influencia en la sociedad. En este sentido los obispos, la conferencia episcopal como cualquier creyente y como cualquier no-creyente tiene todo el derecho del mundo a pronunciarse sobre todas las cuestiones, especialmente cuando –como suele suceder- son asuntos que afectan a la moral y al bienestar de las personas. Yo creo que, a veces, se trata de una estrategia para silenciar voces que no gustan. Simplemente usted no opine sobre esto, porque esto es política, pero claro, me figuro que cuando los obispos se pronuncian sobre cuestiones actuales que coinciden con la posición del poder político eso no se considera política. Por ejemplo, si los obispos se pronuncian sobre la pena de muerte o contra el terrorismo eso no se considera una intromisión en el hacer política.

Puede suceder que al participar en la vida pública, los obispos confundan donde comienza dar al Cesar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, con el riesgo de hacer opiniones en lo temporal. Es decir hacer cultura o ideología según algunos.
El cristianismo no es ideología. Ser cristiano no es seguir un mensaje, es seguir a una persona y la creencia en que alguien se llamó Dios. Y si fue Dios ni puede engañarse, ni ser engañado. Es la verdad. La Verdad no es una ideología.

¿Qué le parece que la junta de Andalucía haya respaldado la retirada de los crucifijos en los colegios públicos en Baeza (Jaén)? ¿Qué supone retirar los crucifijos?
Me parece equivocado, un error. Primero porque se trata de un símbolo, de una convicción religiosa muy extendida y mayoritaria entre la sociedad española. En segundo lugar porque no se puede considerar como ofensivo para nadie. Me parece que no deja de ser un experimento. Se hacer prevalecer el enfado, el interés, una pequeña molestia de una minoría o de una persona concreta, frente al derecho de la mayoría. Tampoco es lo mismo retirar un crucifijo que está ya, que plantearnos la discusión de un crucifijo en un centro nuevo que se cree. Esto no tiene el mismo resultado para mi el lo que ya está y se acepta y ha contribuido a forjar la cultura durante cientos de años.

¿Es democrática la retirada de los crucifijos?
Hay cuestiones que tiene que ser acordadas entre el gobierno y la oposición al ser temas de interés general para el estado y otras que son discutibles. La cuestión es hacer la discriminación entre unas y otras. La tendencia a que la mayoría eventual cambie las cosas al acceder al gobierno me parece un error político jurídico, una mala comprensión de lo que es hacer el derecho. Bajo la capa de neutralidad religiosa del Estado al final lo que se intenta es imponer una determinada concepción, asunto que sería legítimo siempre y cuando no se utilice el argumento de que es una opinión compartida, pues se trata de una opinión unilateral. Una opinión por la que se intenta cambiar.

¿Es la Iglesia un foco de poder político?
En ciertos sectores pesa la idea de que la Iglesia católica y tal vez otras confesiones religiosas son en cierta manera organizaciones criptopolíticas que buscan una influencia y un tipo de poder. Yo creo que parte de lo recelos hacia la Iglesia viene porque se le considera un poder criptopolítico. Y yo creo que la Iglesia busca lo que algunos pensadores han llamado poder espiritual. Yo preferiría no hablar de la Iglesia como poder, sino de la Iglesia como autoridad, que asesora a las conciencias. Algo que también en cierta forma hace la sociedad, o entre amigos, vecinos, o realiza y hacen la universidad, los intelectuales. Yo creo que la iglesia aspira legítimamente a ofrecer ese asesoramiento espiritual. Ahora el problema cuando no se entienden en las sociedades democráticas no se entiende la democracia tiende a pensarse que le poder espiritual no existe ó no existe en el seno de la función pública. Hay pensadores como Ortega que pensaba que la Iglesia había dejado ese poder espiritual, entre otras razones, porque se había anclado en el pasado. Por eso Ortega pensaba en Ensayo sobre la universidad que el poder espiritual de nuestro tiempo, podría decirlo hoy, radicaba en la prensa.

¿Y usted cree que el poder espiritual reside hoy en la prensa?
En alguna medida sí, pero creo que hoy asistimos a una especie de desaparición del poder espiritual. Cuando la democracia se define sólo como una forma de decidir cuestiones morales, estéticas o religiosas, entonces ya no hay más poder espiritual que el de la opinión mayoritaria. Sin embargo, la opinión pública puede cambiar si alguien la critica y se opone a ella. Pero no hay opciones para el cambio si admitimos que la opinión pública siempre tiene razón en la democracia.


Debajo, un momento de la charla coloquio final de las Jornadas, con Jesús García Calderón, Fiscal jefe del TSJA, Eduardo Peralta, director del diario Ideal y los catedráticos de Filosofía del Derecho, Ignacio Sánchez Cámara y Andrés Ollero

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